Santas vidas. Hoy, San Pascual Bailón

28 Ene

Pascual Bailón nació un sábado noche de 1540 en Torrehermosa, Zaragoza en el seno de una familia muy religiosa, pero no tanto como para hacerlo santo ya nada más nacer.

De bien pequeño se le reconocían estupendas facultades para la danza, ya que el niño iba a comprar el pan dando saltos de cisne. Sin embargo, esta afición chocaba frontalmente con la mentalidad de sus padres, que pretendían hacer de él un herrero, un pescador o cuanto menos, que tuviese una profesión en la que no llevase mallas y tutú. Fue por ello que le escondieron las zapatillas de ballet y le prohibieron juntarse con juglares, hippys y en general, con gente con cualquier tipo de laúdes.

Un buen día, el pequeño Pascual, que seguía empecinado en danzar por el mundo, comunicó a sus progenitores la decisión de ingresar en los Padres Bailarines de Jerusalén, una orden dedicada a anunciar la palabra de Dios a ritmo de claqué y foxtrot. El padre (el biológico, no el bailarín), disgustado y herido en su orgullo maño, le soltó tal bofetada a mano abierta al pobre Pascual que no sólo le estuvieron temblando las orejas durante dos semanas, sino que además provocó en él una sordera casi total que le impidió volver a escuchar canción alguna.

Sin embargo, este contratiempo no impidió que Pascual recorriese el mundo (tampoco exageremos, llegó hasta Castellón. Piensen ustedes que entonces no había prácticamente autopistas) alzando su sotana al ritmo de can can mientras los estribillos pegadizos hacían comprender a los lugareños aquello del sexto mandamiento. Como no oía nada, simplemente se imaginaba qué tipo de música estaba sonando e imitaba los movimientos de los demás, inventando de esta manera el playback.

Quizás fuere por su tara auditiva, quizás por ser uno de los elegidos por el Altísimo (no confundir con Romay), la cosa era que por las noches, tumbado en la cama, Pascual entraba en éxtasis y oía la voz de Dios retumbando en el interior de su cabeza. Mas no le daba consejos sobre cómo propagar su palabra. Simplemente se quejaba del poco espacio que tenía y le preguntaba cómo había quedado el Barça ese día. Y esto provocaba en Pascual unos tormentos que le hacían ensimismarse y alejarse de la realidad tanto que a veces parecía Miquel Bosé.

Una tarde, entre bolo y bolo, Pascual Bailón o Pascual el Tapia, como le llamaban sus correligionarios sintió una llama, un calor en su interior que le comunicaba que su misión debía ir más allá. Se equivocaba, eran unos niños cabrones que aprovechando que oía menos que una piedra de río se habían acercado por detrás y le habían prendido fuego a su hábito. Pero él lo tomó como una señal y partió en solitario por esos mundos de Dios, con su propio espectáculo de danza.

Así empezó su peregrinaje. Llegaba al pueblo, se ponía en medio de la plaza y oraba y oraba, ora en castellano, ora en latín y aunque no se le entendía muy bien ya que tenía la voz como enlatada, regalaba al público tal movimiento de caderas que al cabo de un rato estaba todo el pueblo bailando la conga de Jesucristo va y viene, resucitando. Incluso se rumoreó que Pascual tenía una relación con un defensa del Barça, pero esto no es un blog de cotilleos.

Se le atribuyen muchos milagros, como conseguir bailar una canción de Leonard Cohen o convencer a gente que va a clases de baile de que en cuanto empiece a sonar una música no salgan a la pista a vacilar, con uve.

Falleció el 17 de mayo de 1592, cuando fue atropellado por un carro conducido por otro bailarín en evidente estado de embriaguez y que fue objeto de burla por los trobadores de la época.

Los escritos recuperados no han sabido dilucidar cuáles fueron sus últimas palabras. Mientras unos expertos consideran que fueron “Que me quiten lo bailao”, una nueva corriente afirma que antes de exhalar el último aliento, San Pascual Bailón miró al cielo y afirmó “¡coño, era un tapón de cera!”.

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Cositas encillitas (1): letrinas

27 Ene

 

Pese a que ocupaba el sillón “ñ” de la RAE, esa mañana Luis María Ansón se levantó con el cuerpo de jota.

La edad de piedra

13 Ene

Tras el derrumbamiento del Colegio de los Padres Solustianos de Burgos para construir un monasterio del siglo XVII con Wifi, fue hallado entre los restos arqueológicos (cascotes) este documento con un gran valor paleontológico: el examen de 5º de EGB de Juan Luis Arsuaga, famoso por sus descubrimientos en Atapuerca, por su gran parecido con Juanma López Iturriaga y por otra cosa que ahora no me acuerdo. Julian Assange nos lo ha filtrado y nosotros, en plan colectividad libre y cultura para todos (y teniendo en cuenta que lo hemos podido vender), lo compartimos.

“La edad de piedra es, junto con la de papel y tijera, una de las edades más importantes en la historia de la humanidad. También lo son la edad media (sobre 45 años), la edad de bronce (aunque más tarde se descubrió que había consumido sustancias dopantes), la edad de hierro (en la que se descubrieron las lentejas) y la edad del porvenir, que como su nombre indica, aún no ha llegado.

Se le llama “de piedra” porque en aquel entonces se estilaban mucho los nombres así (ahora se llamaría algún nombre vasco) y porque durante este periodo se crearon las primeras herramientas realizadas con piedras: lanzas, puntas de flechas, azadas y piedras pómez. También en esta época se comenzaron a realizar los primeros avances en los primigenios sistemas de comunicación entre humanos: cuando uno quería hablar con alguien, agarraba una piedra y la lanzaba con fuerza contra la cabeza de su interlocutor, que al recobrar el conocimiento, contestaba. Sin embargo, el sistema cayó en desuso por las exageradas tarifas de las compañías piedrefónicas.

Otro de los avances de la edad de piedra (en adelante, edad de piedra) lo encontramos en el hecho de que el homínido (y la mujérida, no se nos enfaden las feministas) no sólo viven en cuevas sino que además ponen felpudos en las puertas, lo cual es un avance ya que las hembras empiezan a reñir a los machos por cualquier cosa (ahora sí que se pueden enfadar las feministas, pero ojo, me estarán dando la razón).

Y ya en calor del hogar, destaca esta edad por las primeras expresiones artísticas, las pinturas rupestres. Según estudios, sus inicios se dieron en los improvisados excusados, ya que de todos es sabido que si hay algo que leer, se depone mucho más a gusto. De ahí se pasó a decorar con escenas de caza (no confundir con el típico cuadro de un ciervo mordido por tigres, eso es de otra época, la de nuestras abuelas) el salón de la cueva y su visionado a la luz de la lumbre se convirtió en el pasatiempo preferido de las familias cavernícolas. Noche tras noche se sentaban y contemplaban la misma escena, absortos y embobados hasta que caían dormidos. Y así se fundó Tele 5.

No podemos dejar de hablar de la edad de piedra sin mencionar una de las especies originadas en este periodo y que a día de hoy siguen dando la murga: los ecologistas.

Ahora es fácil reconocerlos por las barbas y los pelos, pero piense que en aquel entonces todos llevaban el mismo look y por suerte, aún no se habían inventado los pañuelos palestinos. Así que cualquiera podía ser un ecologista de , por ejemplo, “Save the dinos” y te podía caer una multa en cualquier momento por estar haciendo fuego en zonas verdes, cazando un mamut  protegido o haciendo al pil pil un tiranosaurus rex.  Por suerte, vino una glaciación de aúpa y puso a cada uno en su sitio.

Y ya para finalizar, considero importante remarcar dos características que hacían de la edad de piedra una edad mucho mejor que la nuestra (que por cierto, habría que ir poniéndole un nombre, ¿no? ¿qué tal Itziar?).

En primer lugar, debía ser genial que la asignatura de Historia no dependiese de los caprichos nacionalistas o patrioteros de los partidos políticos. Simplemente contaban qué había pasado ayer y chim pum.

Y por otro lado, una época en la que todavía no se había inventado la TDT y por tanto, no se veía El Gato al agua (aunque algunos de sus tertulianos ya habían nacido) debía ser una gran época.

Y esto es todo lo que sé, oiga. No sé si es lo que esperaba, pero ya sabe, menos da una piedra.”


EL REGRESO

28 Dic

Hola. Ya estamos aquí otra vez. Hemos vuelto. Mucho se ha especulado acerca de las verdaderas razones de nuestra ausencia. Unos sostenían que tras el éxito de ventas y de crítica de “Quien no tiene un libro es porque no quiere” sus autores fueron víctimas de la hoguera de las vanidades que dan lumbre a los triunfadores y los celos y el exceso de ego (como, oh casualidad, preludiaba el libro) acabaron con la relación de pareja.

Otra corriente mantuvo que hartos del lujo y los oropeles y en plena gira promocional de su pdf, saltaron de un tren en marcha a su paso por la campiña francesa y allí, refugiados del asedio paparazzil han estado descansando y pergeñando un nuevo proyecto cultural/elitista de los suyos.

Ciertos envidiosos ayudaron a difundir el rumor de que tanto el Capitán como el Superintendente fueron víctimas de su propio éxito y que abrumados por éste, cayeron sumidos en sendas profundas depresiones que les llevaron por los oscuros pasadizos de la drogadicción y ahora son atletas profesionales.

Y una versión más extravagante para explicar su ausencia la encontramos en ciertos mentideros, que aseguraban que no es que se hubiesen ido, sino que se habían quedado encerrados en el cuarto de baño y no sabían salir. Sigue leyendo

Quien no tiene un libro es porque no quiere.

23 Jul

¡Por fin llegó el momento! Aquí tenéis la portada de “Quien no tiene un libro es porque no quiere”. ¿Qué pensábais, que era broma? Pues no, nosotros siempre cumplimos nuestras amenazas. Aquí tenéis el libro que os ayudará a conocer mejor la verdadera historia del Superintendente Vicente y el Capitán Rumikel, inventada por nosotros mismos.

Haced click aquí y entraréis en la página de bubok, la editorial que ha apostado por nosotros y nos ha dado todas las facilidades para que lo publicásemos gratis y sin llevarnos un duro.

Feliz verano, amiguitos.

El Superintendente Vicente y el Capitán Rumikel.